Historias reales del día a día · Salud y bienestar Jesús
Historias reales del día a día · Salud y bienestar
Se gastó más de 100 € en rodilleras, vendas y cremas que acabaron en un cajón: por qué casi todas "se bajan" y qué fue lo que por fin le funcionó
Lectura de 4 minutos
Me llamo Jesús, tengo 64 años y vivo en Sabadell. Desde que me jubilé, mi rutina es sagrada: paseo de una hora por la mañana, recoger a los nietos del cole y el huerto los fines de semana.
Hasta que la rodilla izquierda empezó a protestar.
Primero en las escaleras. Luego en las cuestas del paseo. Al final, hasta al levantarme del sofá notaba esa presión que te hace ir con cuidado.
Así que hice lo que hace todo el mundo: me fui a la farmacia y me gasté 30 € en una rodillera.
A los diez minutos de salir a andar la tenía en el tobillo.
Me paraba cada dos calles a subírmela. Probé a comprar una talla menos, y entonces me apretaba tanto que me dejaba la marca y se me dormía la pierna.
Después vinieron las vendas, que había que volver a poner cada rato. Las cremas, que olían a farmacia y duraban lo que dura un café. Y dos rodilleras más de internet: una con varillas y velcros que parecía un aparato ortopédico, y otra que hacía exactamente lo mismo que la primera.
Más de 100 euros entre todo. Todo en el mismo cajón.
Mi hija me decía que probara otra. Yo ya no quería ni oír hablar de rodilleras.
El problema no era yo ni mi rodilla. Era que casi todas las rodilleras están hechas para resbalar.
Eso me lo explicó mi hija un domingo, con el móvil en la mano.
La mayoría de rodilleras de farmacia son un tubo de tela elástica lisa. Cada vez que doblas la rodilla, la tela se arruga por detrás y "trepa" hacia abajo. Paso a paso, se va bajando.
Para que no se bajen, la única solución que tienen es apretar más. Y entonces te aprietan tanto que no hay quien las aguante.
La que me enseñó se llama RodiFlex y funciona al revés: por dentro lleva unas ondas de silicona que se agarran a la piel. No necesita apretar de más para quedarse en su sitio.
Además, en vez de ser un tubo con talla S, M o L, se pone envolviendo la rodilla y se ajusta. Así eres tú quien decide cuánto sujeta.
Costaba lo mismo que la de farmacia, se pagaba al recibirla y tenía 30 días de prueba. Pensé: "Una más para el cajón, o la última". Y la pedí.
Esto es lo que noté, comparado con todo lo que había probado antes:
1
No se baja. Ni a los diez minutos ni a la hora
Era lo único que le pedía y es lo que mejor hace. Hago mi paseo de una hora entero, con sus cuestas, y vuelvo a casa con la rodillera exactamente donde me la puse.
Las ondas de silicona se notan al ponértela: no pican ni molestan, pero agarran.
★★★★★
"Tenía tres rodilleras y todas acababan en el tobillo. Esta es la primera que se queda en su sitio todo el paseo."
— Fernando S., 67 años
2
Sujeta sin estrangular
Como no necesita apretar para quedarse quieta, la compresión es firme pero cómoda. Ni marcas en la piel ni la pierna dormida.
Y al ser ajustable, cuando tengo un día más tonto la ajusto un poco más, y cuando estoy en casa la aflojo.
★★★★★
"Las de farmacia o me apretaban o se me caían. Con esta, como la ajustas tú, no hay problema de tallas."
— Isabel N., 59 años
3
Las escaleras, con más seguridad
Tiene una abertura justo en la rótula que la deja centrada, y la sujeción alrededor reparte la carga. Al subir las escaleras de casa noto la rodilla más firme y menos esa sensación de que "se va".
Y no soy el único: en una encuesta que la marca hizo a sus clientes tras 30 días de uso, el 94 % dijo sentirse más seguro al subir escaleras.
Encuesta interna de Glowvera a clientes de RodiFlex tras 30 días de uso. Resultados autodeclarados.
★★★★★
"Vivo en un cuarto sin ascensor. Ahora subo las escaleras mucho más tranquila."
— Pepa R., 71 años
¡DATE PRISA! Antes de comprar otra que acabe en el cajón…
RodiFlex cuesta 29,99 €, lo mismo que una rodillera de farmacia. Y la segunda unidad sale por solo 10 € más.
No arriesgas nada: pagas al recibirla y tienes 30 días de prueba. Si no te convence, te devuelven el dinero.
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4
Fina, fresca y bajo el pantalón
La de varillas parecía que llevaba media armadura. Las vendas daban un calor que en verano no había quien las aguantara.
Esta es fina, de tejido transpirable con agujeritos, y va debajo del pantalón largo sin que se note. Mis nietos ni se han dado cuenta.
★★★★★
"Muy fina, la llevo con vaqueros y no se nota. Y no da nada de calor."
— Juan Carlos M., 62 años
Lo que probé antes vs. RodiFlex
5
Esta vez, sin tirar el dinero
Después de todo lo que había gastado, esto fue lo que me hizo decidirme: no pagué nada hasta que el repartidor me la trajo a casa. Y si no me hubiera servido, tenía 30 días para devolverla.
Al final no hizo falta. Lo único que hice fue pedir una segunda para tener de recambio mientras lavo la otra.
★★★★★
"Me daba miedo tirar el dinero otra vez, pero como se paga al recibir, me animé. Contentísima."
— Jesús V., 64 años
El cajón de las rodilleras sigue lleno. Pero ya no lo abro.
He vuelto a mi paseo de una hora sin pararme cada dos calles. Recojo a los nietos, subo las escaleras de casa y el huerto sigue en pie.
Si tienes un cajón como el mío, lleno de rodilleras que se bajan y cremas a medias, te digo lo que me dijo mi hija: prueba una más. Pero esta vez, que sea una que no se baje.
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Sin tarjeta: pagas en efectivo al repartidor. Envío gratis en 24/48 h laborables (península) y 30 días de prueba.
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Historia ilustrativa basada en experiencias de clientes. RodiFlex es una rodillera de compresión de uso cotidiano; no es un tratamiento médico ni sustituye el consejo de tu médico o fisioterapeuta. No usar sobre heridas, con problemas de circulación, varices importantes, antecedentes de trombosis o lesión reciente sin diagnosticar. Los resultados pueden variar.